Otras Culturas X: Velos y desvelos. Azar Nafisi y Carmen Martín Gaite

20 Jun

Para situarnos, y, según la Wikipedia “la revolución iraní (también Revolución Islámica o Revolución de 1979 Persa) fue el proceso de movilizaciones que desembocó en el derrocamiento del Sah Mohammad Reza Pahlevi y la consiguiente instauración de la República Islámica actualmente vigente en Irán. Por ello, suele calificarse a la revolución de islámica, aunque en realidad fue un movimiento amplio y heterogéneo que progresivamente fue siendo hegemonizado por el clero chiíta bajo el liderazgo del ayatolá Jomeini”.

Azar Nafisi nació en Teherán en 1955, y fue hija del alcalde más joven de la ciudad (1961-1963). Estudió y vivió en Irán, pero también en Suiza, Reino Unido y Estados Unidos, especializándose en literatura inglesa y americana, por lo que su cultura es sobradamente cosmopolita. En 1979 regresó a su país como profesora de la Universidad de Teherán, y justo en ese año estalló la revolución de la que antes hablábamos. Entonces cambió todo, para el país, para la ciudad, para sus habitantes, y, sobre todo, para sus mujeres. Y de esto es de lo que nos habla en su magnífico libro autobiográfico Leer Lolita en Teherán, en el que el odio a la guerra, la denuncia, la rabia, la impotencia y el descontento se canalizan a través del amor a la literatura. No es lo mismo leer Lolita, El Gran Gatsby, Daisy Miller y Orgullo y prejuicio en Teherán en los años ochenta, con un grupo de mujeres iraníes, que hacerlo, por ejemplo, aquí y ahora. Nos dice que “una vez que el mal se individualiza y se convierte en parte de la vida diaria, la forma de resistirlo también se individualiza. Cómo sobrevive el alma es la cuestión esencial, y la respuesta es: por medio del amor y la imaginación”. La literatura se convierte entonces en una vía de escape (“lo que obteníamos con todos los autores, sobre todo con Austen, era entretenimiento”, imaginación y ficción pura y dura) pero también en una forma de observar la realidad brutal que las rodea: Lolita se convierte en una doble víctima: no sólo le arrebatan su vida, sino también la historia de su vida, como a ellas mismas. Gatsby enseña a valorar los sueños, pero también a tener cuidado con ellos, enseña a buscar la integridad en lugares inusuales (sus lectoras intentan hacerlo). La revolución islámica, que en principio parecía que iba a traer cosas buenas, al radicalizarse, dejó de serlo. La censura se intensifica de tal manera, que llega a hacerse ridícula (uno de los censores más famosos era ciego), y afecta a todos los ámbitos de la vida de los ciudadanos. Azar Nafisi no puede hacer otra cosa que intentar enfrentarse a ella, por supuesto que en el ámbito privado, el que siempre ha estado reservado a las mujeres. Cuando la expulsan como profesora de la Universidad, entre otras cosas, por negarse a llevar el velo, decide seguir dando clases de literatura los jueves por la mañana en su casa con un grupo de alumnas. Es un oasis, un refugio en medio de la represión brutal y sinsentido a la que están siendo sometidas:”Descubro lo poco o nada que hablamos de nuestras vidas personales, de amor y matrimonio, y de cómo nos sentíamos por tener hijos o no tenerlos. Parecía como si, aparte de la literatura, la política nos hubiera devorado, eliminando todo lo personal y lo privado”. Sólo el hecho de llegar a las reuniones y poderse quitar el velo, es una especie de rebeldía (Azar Nafisi describe muy a menudo el pelo de sus “chicas”), y así,  a pesar del daño que se les pueda llegar a hacer, que en la mayoría de los casos es mucho, las víctimas no caen en la sumisión. El velo como símbolo, para unos de pureza y preservación (“Una mujer con velo está protegida como una perla por el caparazón de la ostra”, era una de las consignas de la Revolución), y para otras de humillación y negación de la personalidad, como una forma de invisibilidad. Cuando Jomeini murió, Azar nos cuenta la anécdota de su hija que llegó diciendo: “¡Mami, mami, no está muerto! ¡Las mujeres todavía llevan pañuelo!. Siempre asocio la muerte de Jomeini con aquel sencillo dictamen de Negar, porque tenía razón: el día en que las mujeres no llevaran pañuelo en público, sería el día de su muerte y el final de su revolución. Hasta entonces tendríamos que seguir aguantándolo”.Lo peor de todo es que esta época supuso una pérdida de libertades y de formas de vida que ya se habían conseguido y consolidado, y ya sabemos que, con los regresos al pasado siempre pierden los mismos: los más débiles -las mujeres, sobre todo.

Después de mucho pensárselo, Azar Nafisi abandonó Teherán en 1997 y se instaló en Estados Unidos, desde donde escribió el libro que hoy nos ocupa y algunos más. Actualmente vive en Washington con su marido y sus dos hijos, y colabora en numerosos medios de comunicación.

Este último post del curso académico iba a estar dedicado únicamente a la escritora iraní, pero leyéndola, se me venía irremediablemente y sin querer a la cabeza el magnífico ensayo de Carmen Martín Gaite Usos amorosos de la postguerra española. En el capítulo VI de este libro, El arreglo a hurtadillas, Carmen Martín Gaite  nos da detalles sobre el uso de la faja, el bañador, el pantalón, la ropa interior, el arreglo del pelo, las mujeres fumadoras y de cejas finas, y el gobierno de la apariencia en los años cuarenta en España. En el capítulo 5 de la tercera parte de Leer Lolita en Teherán, Azar Nafisi nos habla del uso del velo, la prohibición del maquillaje, los registros humillantes y la irrelevancia adquirida por las mujeres. Salvando las distancias y el tono de los dos libros, bien distintos entre sí, algo hay en común, ¿no creéis?

Otros enlaces:

Página oficial de Azar Nafisi.

Escrito sobre el cuerpo, exposición de la fotógrafa iraní Shirin Neshat en Photoespaña 2013.

Artículos sobre Carmen Martín Gaite en El País. 

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4 comentarios to “Otras Culturas X: Velos y desvelos. Azar Nafisi y Carmen Martín Gaite”

  1. Isa 23 junio, 2013 a 18:59 #

    Resulta cómico, absurdo, y hasta ridículo visto desde fuera y con perspectiva, el capítulo descrito por Carmen Martín Gaite. Quizás porque ésa era su intención. Pero ¡cuánto daño hicieron a varias generaciones de mujeres!

    El texto relatado por Azar Nafisi es más brutal, más desgarrador quizás por el tono, quizás porque en España se les permitía ciertas licencias a las mujeres como bien dice Carmen Gaite (enseñar el pelo, aunque claro “sin soltarse la melena”, quitarse las medias en verano,…). En los países islamistas radicales la anulación de la mujer es total con el uso del chador y el velo. Es la reducción a la invisibilidad y la irrelevancia como dice la autora.

    Pero siempre nos quedará la literatura. Gracias a ella se han salvado de la locura, de la celda de la cárcel o de lo que sea, miles de personas. Es verdad que es un refugio, un reducto de salvación y de cordura.

    Volviendo a las dictaduras, lo que siempre me ha parecido espantoso es la complicidad de algunas mujeres, que perpetúan por educación esa moralidad, que colaboran en la denuncia y en el cumplimiento de las normas y que censuran, incluso con más ahínco y perversidad que los hombres, a las mujeres que se atrevan a desafiar esas reglas opresoras.
    En realidad las mentes sucias, las miradas pecaminosas y obscenas eran las de los censores y de los guardianes de la moralidad. Tenían una mente tan sucia que, donde quizás no hubiese más que ingenuidad o inocencia (no siempre, claro), ellos se adelantaban, siempre vigilantes, y veían algo morboso, escandaloso, reprobable, o a saber qué.
    Como bien dices Esperanza, con los regresos al pasado, con los malos tiempos de esta crisis y de cualquier otra, sabemos que las miradas opresoras se dirigen siempre, en primer lugar, hacia las mujeres.

    • Esperanza Jiménez Tirado 30 junio, 2013 a 18:25 #

      pues sí, Isa, si lees primero el de Carmen Martín Gaite, te indignas por la situación de las mujeres en la España de posguerra, pero si lees el de Azar Nafisi, te quedas sin palabras. De todas formas, no es cuestión de comparar, porque como he dicho en el post, el tono de las dos obras es muy diferente

  2. Mar 3 julio, 2013 a 18:18 #

    Sorprende una y otra vez la capacidad de aguante y adaptación del ser humano, incluso en situaciones tan demenciales como las descritas en los textos facilitados en esta ocasión y que tienen el valor añadido de referir las vivencias de sus autoras. Si no tenemos presentes los cambios que se han producido, sin duda como consecuencia de acciones decididas,continuadas e imaginativas, caeríamos en el desánimo ante la aparente resignación y sumisión de los grupos en inferioridad de condiciones, aun cuando los abusos de los grupos privilegiados lleguen a tales extremos.

    De nuevo encontramos alusiones a las virtualidades de la lectura: refugio, compensación, medio de supervivencia, fuente de sugerencias, ayuda para la propia comprensión y el descubrimiento de realidades ajenas, más o menos lejanas… Pero no podemos olvidar que también puede ser una vía de manipulación, sometimiento y desmovilización, sobre todo si se reduce a una actividad individual, sin que se haya producido la formación previa para la criba, el juicio valorativo y el debate. Por eso son tan oportunas iniciativas, como la de este Club de Lectura, que insisten en esos aspectos y en la faceta colectiva.

    Gracias a Esperanza por su labor de selección, información complementaria y estímulo que, sin duda, ha dejado muchas más huellas que las constatables.

    Saludos y feliz verano.

    • Esperanza JIménez 4 julio, 2013 a 8:25 #

      Gracias de nuevo Mar. Eres una estupenda lectora. Como siempre digo, mi intención es abrir un poco las mentes lectoras para que no siempre se lea lo mismo y no siempre se piense lo mismo.Por ejemplo, esta autora y este libro los desconocía por completo y para mí han sido una más que interesante sorpresa.
      Saludos también para tí y un muy feliz verano. Nos vemos en septiembre y, creo, que con página nueva.

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