Otras Culturas IX: Isak Dinesen. Una vida de película (Copenhague-Kenia-Copenhague)

23 May

Isak: “el que ríe o el que hace reír”. Este fue el seudónimo que utilizó Karen Christenze Dinesen (Karen Blixen de casada), nacida en Copenhague el 17 de abril de 1885. La primera impresión que nos da leyendo su biografía es que hizo lo que le dio la gana, de hecho no creía en los destinos divinos, sino en los que la propia persona se labra, en la página en blanco a continuación de la escrita, en que somos la consecuencia de nuestras propias decisiones (condicionadas, eso sí, y en el peor de los casos, por circunstancias ajenas a nuestra voluntad). Su vida está marcada por dos hechos: la enfermedad y las ganas de contar historias. La primera no le impidió disfrutar a su manera todo lo que pudo (cuentan que, ya anciana y con menos de cincuenta kilos de peso, su dieta era a base de ostras y champán, que, según ella, le sentaban estupendamente), y eso que, además de la famosa sífilis que su marido, el barón Von Blixen le contagió y que sufrió de por vida, padeció graves problemas de espalda, estómago y un sinfín de dolencias más que, como decimos, no le impidieron vivir una vida parece que plena. La segunda, el contar historias, la hizo inmortal y la convirtió en una nueva Sherezade que encantaba tanto a sus familiares, como amigos y amantes; todos querían más y más cuentos (se dice que su gran amor, el piloto Denys Finch Hatton regresaba una y otra vez a la granja de África, entre otras cosas, en busca de las historias de la baronesa).

Cuando se casó y se fue a vivir a África (¿qué puede haber más lejano en todos los sentidos de Copenhague que Kenia?), lo hizo con un afán aventurero heredado de su padre, que se suicidó cuando ella tenía diez años, y al que pareció querer imitar en muchos aspectos de su vida. Karen estaba orgullosa de su vida, no quería escapar, pero no le gustaban las medias tintas: “Yo soy la snob más grande que hay y si no puedo estar con la aristocracia o con la intelectualidad, tengo que reducirme al proletariado, o a los “natives” de aquí, que viene a ser lo mismo, porque con la clase media no puedo coexistir. La auténtica aristocracia, dondequiera que se encuentre, o el proletariado, no tienen nada que arriesgar. Pero la clase media lo pone todo en peligro, y el diablo está allí, en torno a ella, en su peor edición, mejor dicho, en su edición de bolsillo”. Así pues, se enamoró de una tierra a la que consideró su casa por mucho tiempo (“Estoy donde debo estar”), y de unos habitantes de esa tierra con los que, a su manera, se identificó. Dos ideas suyas muy significativas a este respecto: “está muy bien vivir de manera nómada, y es antinatural, por el contrario, tener casa siempre en el mismo lugar; sólo se siente uno verdaderamente libre cuando puede ir en la dirección que se le antoje”. Y la segunda, más controvertida para algunos biógrafos que piensan que el ir de safari no entra dentro del verdadero respeto a la naturaleza que a ella tanto le gustaba: “Lo bueno que tiene ir de safari es que se te olvidan todas las penas de la vida y te sientes el día entero como si llevases dentro media botella de champán –llena del más íntimo agradecimiento por sentirte viva”. Pensamos que esta era su forma de vivir: coger lo que la vida te ofrece, mezclarte con ella sin pararte mucho a pensar en las consecuencias; “los cazadores deben mezclarse con el viento y con los colores y olores del paisaje y adaptarse al tempo de todo el conjunto. Cuando atrapas el ritmo de África te das cuenta de que es el mismo que el de toda su música”.

De carácter dominante, caprichoso y con tendencia al melodramatismo (“Una persona a la que no se puede hacer daño, no es un verdadero amigo”, decía, por ejemplo), cuando murió en Rungstedlund, su casa de Copenhague a  los 77 años, la última cosa que hizo antes de entrar en coma fue escuchar el disco de Häendel en el que estaba el aria “Por donde tú camines”, la misma que solía cantarle Denys Finch Hatton, acompañado de su guitarra (lo sentimos, pero no podemos ni queremos evitar recordar aquí a Robert Redford y la película de Sydney Pollack, que, aunque edulcorada y “hollywoodizada”, retrató parte de la vida de esta gran mujer, artista y escritora, con un comienzo inolvidable: “Yo tenía una granja en África, al pie de la colina de Ngong”, con Meryl Streep y su doblaje con acento extranjero, que, al menos para muchos de nosotros, quedarán indisolublemente unidos).

Os proponemos dos textos. Por un lado, La granja de Ngong, el primer capítulo de su libro de cuentos Out of Africa (que en España se tradujo como Memorias de África) y en el que hace un resumen magnífico de los temas que tocará a lo largo de todo el libro y que formaron parte de su experiencia africana: paisaje único en el mundo (grandeza, libertad, nobleza), la caza, el cultivo del café, la ciudad de Nairobi, la atracción por los países del sur que sienten las gentes del norte, la forma de ser del nativo con respecto al hombre blanco, el hecho de que nunca llegarían a comprenderse pero sí a conocerse y por tanto a respetarse (“durante todo el tiempo tuve conciencia de que la existencia silenciosa y apartada de los nativos corría paralela con la mía, en un plano diferente”). El capítulo termina con estos versos “del poeta”:

 “Siempre encontré

noble al nativo

e insípido al emigrante”

El segundo texto es el delicioso cuento El festín de Babette, casualmente también llevado al cine, y que, aunque muy lejano de “La granja de Ngong” (transcurre en Noruega, en una comunidad cerrada, religiosa y donde la austeridad es la norma general), simboliza y refleja  las ideas de Isak acerca de la moral, la belleza y el placer. Babette, la criada que llega de Francia para romper la paz del lugar y las rígidas costumbres de las dos hermanas a las que va a servir, se gasta todo su dinero en la preparación de un festín, y con ese gesto, elige dos cosas opuestas: la exuberancia y la sencillez. Aunque en el cuento no se detalla lo que comieron (sólo se habla de la tortuga con la que Babette hará sopa), aquí podéis ver el menú completo.

La editorial Nórdica lo público hace unos años en una preciosa edición y que podéis encontrar en nuestro catálogo junto con otros libros de la autora.

También os puede interesar visitar el Museo de Karen Blixen y leer la página que Javier Marías le dedica a la escritora.

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2 comentarios to “Otras Culturas IX: Isak Dinesen. Una vida de película (Copenhague-Kenia-Copenhague)”

  1. Isa 24 mayo, 2013 a 19:21 #

    Como mujer es cierto que hizo lo que se le antojó. Vivió y sufrió intensamente. La sociedad noruega la asfixiaba y África era el lugar perfecto para escapar de los convencionalismos sociales.

    Creo que casi todas las mujeres tenemos aún en la retina a los dos actores protagonistas de Memorias de África (por ejemplo la escena en que Robert Redford lava el pelo de Meryl Streep) y en el oído la banda sonora ¿y quién no quisiera vivir esa aventura con? Pero tú lo has dicho Esperanza, es una versión un tanto edulcorada y “hollywoodizada”. Lo cierto es que la granja convertida en museo se ha convertido en uno de los lugares más visitados de Kenia. Un auténtico mito.

    El libro tiene un tono nostálgico de todo lo que encontró y perdió allí, una especie de paraíso perdido. Aunque transmite un verdadero amor hacia “sus nativos” y Kenia, no se puede obviar que después de todo era una colonizadora y que como todos los blancos colonizadores no se veía como tal sino como una bondadosa y protectora dueña. Entre otras cosas creo que no era consciente de que en las “felices tierras de caza” llevaron al borde de la extinción a decenas de especies.

    En cuanto a “El festín de Babette” me gustó mucho la primera vez que lo leí y me ha vuelto a gustar. Refleja muy bien como una buena comida acompañada de un buen vino relaja las costumbres, desinhibe a las personas y hace saltar por los aires el estricto encorsetado de la sociedad protestante nórdica. En el fondo es un ejemplo de la filosofía de vida de la autora.

    Muy recomendable sus “Siete cuentos góticos” y “Cuentos de invierno”, unos me gustaron más que otros pero es indudable que tenía un don.

    • Esperanza 27 mayo, 2013 a 6:31 #

      Gracias, Isa, por el comentario, porque además has aclarado algo que no sé si queda bien reflejado en el post, y es eso, que no hay que olvidar que ella fue a Africa en calidad de “blanca colonizadora”, aunque luego encontrara allí su lugar en el mundo (al menos uno de ellos), pero siempre en su sitio

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