Otras Culturas VI: Javier Pérez Andújar. La Internacional de los bloques

14 Feb

“Quizá porque en casa no había posibles, me conformaré con un solo idioma para todos los días del año. Desde niño les tendré envidia a los catalanes que hablan en ese lenguaje entonces oculto y proscrito. Me cautivará el poder lingüístico del que están dotados y que les permite vivir una vida profundamente privada. Hablar como ellos, a ratos lo habré deseado; pero me parecerá luego que eso es hacer trampas. Me dará vergüenza ser catalán como me va a dar vergüenza ponerme corbata. Eso son cosas que no se hacían en mi casa. Yo no voy a ser catalán por respeto a los catalanes. En la intimidad, con los catalanes no hablaré en catalán sino que les escucharé su catalán. (…) Antes que sentirme de ningún país, de ninguna patria o nación, voy a pertenecer a la Internacional de los bloques”.

Con esta declaración de intenciones, quedará perfectamente retratado nuestro protagonista del mes de febrero. Se trata de Javier Pérez Andujar, nacido en Sant Adriá del Besós en 1965 y licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Es autor de dos libros de ensayo (Catalanes todos. Las quince visitas de Franco a Cataluña y Salvador Dalí. A la conquista de lo irracional), una novela sobre los maestros de las Misiones Pedagógicas en la Segunda República (Todo lo que se llevó el diablo)  y dos obras muy sui géneris que son en las que nos vamos a detener, sobre todo en la última, Los príncipes valientes y Paseos con mi madre. Mezcla de ensayo y relato, autobiografía y crónica histórica,  Javier Pérez Andújar tiene en ellos un tono tan personal y reconocible que con sólo leerlo una vez, ya es como si fuera de la familia. Es tierno, casi tímido, pero a la vez, justo y valiente: igual en su prosa que en su forma de hablar. Destaquemos en su estilo dos aspectos identificativos: el uso del futuro cuando habla de cosas pasadas, un acierto que coloca a las cosas, los acontecimientos, los recuerdos, en su punto justo y que según él utilizó porque “el futuro le da épica al texto y el pasado le da nostalgia”, y el uso de sorprendente símiles y metáforas (“Una biblioteca significa para un barrio lo que la selva del Amazonas supone para todo el planeta. La gente va a respirar a través de las hojas de sus libros abiertos como pulmones”).

Conscientemente se sitúa fuera del centro de la literatura convencional, quiere estar al margen de la cultura académica (aunque se le nota, y mucho, su condición de filólogo), que él contrapone, en una mezcla perfecta, con la cultura popular. Así, en Los príncipes valientes (2007), el autor nos cuenta su infancia en el extrarradio barcelonés de los años 70, justo cuando la cultura popular descompensa la balanza y le gana la batalla a la literatura tradicional, y así nos revela que la picaresca existe tanto en El Lazarillo de Tormes como en las primeras historietas de Bruguera, trazando líneas invisibles que unen el cojo del Buscón y el cojo de Cowboy de medianoche, por ejemplo. En Paseos con mi madre (2011), un Javier ahora en plena juventud sigue en su barrio, en sus bloques (“No tengo remedio, cuando viajo a una ciudad siempre acabo en la periferia”),  y nos confiesa que le daba vergüenza ir al centro porque se notaba que era de barrio: “Se anda como se escribe. Desde el primer día andaré por Barcelona extraño como alguien que ha llegado del campo (pero no del campo de la cultura), igual que el cowboy de medianoche, y cuando vuelva al barrio en autobús iré hundiéndome en el asiento en homenaje a su amigo Ratso camino de Miami”.

Os recomendamos la lectura de este libro (el capítulo dedicado a la apertura del PRYCA no tiene precio) y para ello os dejamos el primer capítulo de Paseos con mi madre, muy bien acompañado por algunas fotografías de nuestro compañero José Antonio Grueso, realizadas para la ocasión en “la Internacional de los bloques” de Córdoba.

Otros enlaces:

Página personal en Tusquets.

Entrevista en Página 2 a propósito de Todo lo que se llevó el diablo.

Artículos en “El butano popular. Librepensamiento y explicaciones

Artículos en El País.

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6 comentarios to “Otras Culturas VI: Javier Pérez Andújar. La Internacional de los bloques”

  1. Isa 14 febrero, 2013 a 8:59 #

    Esperanza, no he leído ninguna obra de este autor, pero nada más que por la introducción que has hecho (admirable como siempre), la mención a la película “Cowboy de medianoche” ya merece la pena leerlo. Me ha tocado la fibra, es una de mis películas favoritas por todo, la música, las historias, los personajes marginados sobre todo Ratso. Es personaje muy entrañable para mí.

    En cuanto al texto propuesto ¡qué triste y nostálgico! Pero que manera tan bonita de jugar con las palabras. Conforme se avanza en el relato uno no sabe si es mejor el barrio de antes o el de ahora. Los suburbios se internacionalizan, cambian las reglas del juego y los amos, pero todo sigue igual.

    • Esperanza 14 febrero, 2013 a 9:29 #

      Esa es la cuestión, si es mejor ahora o antes. Creo que la diferencia está en que antes eran barrios periféricos (marginales) y no se intentaba disimular, y ahora el río se ha convertido en “Parque fluvial”. Como diría una que yo me sé “¡Cuánto tonterismo!”.
      Tampoco hay que olvidar que Javier Pérez de Andújar lo mira todo con un poco de nostalgia, con la nostalgia con que se miran los paisajes de juventud

      • Isa 14 febrero, 2013 a 11:08 #

        Así es, hoy todo debe ser políticamente correcto, todo son eufemismos. Nada se llama por su nombre verdadero. De verdad ¡cuánto tonterismo!

  2. Isa 18 febrero, 2013 a 9:28 #

    Me he animado a leerlo entero y me reitero en que es triste, nostálgico pero a la vez irónico y rabioso, casi se le oye gritar al autor, eso sí, muy valiente al describir sin tapujos la otra cara de Barcelona, y como bien dice Esperanza el uso sorprendente de las métaforas y del juego con las palabras.Y al cerrar el libro es como si hubiese oído la voz de mi generación, al menos de la gente más cercana a mí de mi generación. Me alegro de haberlo leído porque todo el libro me es muy familiar, me he sentido identificada con buena parte de él.
    Como hija de emigrantes buscando su identidad. Como cuando mi pareja o mi primo por poner un ejemplo, buena gente, siempre tenían problemas con la policía por la pinta. Esa pinta que asustaba a los pijos y burgueses que se apartaban cuando pasábamos por su lado. Igual que el autor cuando llama a la puerta de Ajoblanco y pensaron que venía a atracarlos o cuando la policía le pedía sistemáticamente el carnet por la calle.
    Cuando todos los derechos estaban por conquistar y nosotros nos lo encontramos casi todo hecho y como ahora se están perdiendo de nuevo. Cuando nos refugiábamos en la música rock, Rosendo, AC/DC y compañía, la literatura, el cine porque como al autor al final ni nos gustaba la izquierda rancia y prehistórica ni la modernidad a ultranza de los pijos.
    Cuando a esa remesa de emigrantes de los años 60 no les gusta que los comparen con los recién llegados. Suelen tener una memoria muy selectiva. Como bien dice el autor a la miseria le ha seguido una miseria más grande. “Un resfriado convertido en una pulmonía”.
    Y por supuesto mucho más. Os lo recomiendo.

  3. Mar 25 febrero, 2013 a 13:35 #

    Gracias al Club de Lectura estoy ampliando mis horizontes literarios y he podido conocer al autor propuesto este mes. He leído artículos publicados en El País y El Butano Popular, además del capítulo que se facilita, y ha captado mi interés la forma de escribir y el contenido.
    Como Murakami, y eso despierta mis simpatías, Pérez Andújar se sitúa de alguna manera con quienes no destacan ni triunfan ni reciben reconocimientos. Desde la lealtad al propio origen y al contexto familiar, usa su voz para darles presencia y otorgarles valores negados o poco atendidos. El conocimiento de lo vivido le permite encauzar nuestra atención a detalles importantes para captar la realidad de otra cultura habitualmente poco respetada, que suele ser calificada como inculta o como cultura basura y que este escritor defiende enérgicamente. “No hay cultura basura, pero sí un basurero donde la cultura académica acumula todo lo que no acepta”. (La pandilla basura. El País, 19/5/2003). “Lo democrático pasa por el respeto a la cultura popular “. (Lo verdadero y lo auténtico. El País, 2/5/04) Se trata de una cultura próxima (más que las de otros países en las que generalmente pensamos cuando hablamos de interculturalidad), pero quizás demasiado lejana. “Los trenes de cercanías son los que llevan más lejos porque siempre está lejos lo que se quiere”. (Oda a Allen Ginsberg. El País, 21/7/12)
    La sinceridad con la que, en el texto donde se nos presenta, confiesa su timidez o sus complejos como habitante de la periferia o de los “bloques”, nos advierte del descuido o la falta de sensibilidad en las relaciones entre personas (¿o gente?) de contextos sociales distintos, incluso cuando hay buena intención y se pretende una relación horizontal.
    Me sugiere que, si apostamos por la interculturalidad, convendría reflexionar sobre limitaciones no siempre conscientes, derivadas de la tendencia o la aspiración a estar cerca de “los que parten el bacalao”, a que nos identifiquen con el grupo de más éxito, mientras olvidamos o procuramos evitar a quienes tenemos al lado pero no están a la altura. ”Así es como el poder vive la realidad, excluyéndose de ella” (Ser pobre en la vida El País, 12/1/13). Porque una cosa es la declaración de intenciones o las grandes palabras y otra muy distinta las prácticas: “el pueblo unido sueño es” (Aquí no hay playa. El País, 16/6/12)
    ¿Interculturalidad? Un ejemplo interesante se plasma en los escritos de Pérez Andújar, donde integra referencias a la cultura “culta” y a la popular, donde a partir de su evidente dominio de la cultura académica reivindica el reconocimiento de autores de tebeos y de novelas del Oeste, de la literatura que solo se encuentran en los quioscos.

    • Esperanza 25 febrero, 2013 a 13:42 #

      Gracias Mar por tu, como siempre, acertado y generoso comentario. La interculturalidad no es sólo la que se da entre diferentes países, razas o religiones; la interculturalidad está más cerca de lo que parece y de lo que casi siempre pensamos

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