Otras Culturas V: un japonés por el mundo. Haruki Murakami

17 Ene

Cuando el nuevo libro de Murakami, 1Q84, fue publicado en japonés hace algo más de tres años, los ejemplares casi se agotaron en un día. La librería más grande de Japón, Kinokuniya, vendió más de uno por minuto. Posteriormente, para su lanzamiento en Londres, las librerías abrieron por la noche, cual si de un nuevo Harry Potter se tratara, para que sus impacientes aficionados fuesen los primeros en tenerla. ¿Por qué ese fenómeno de masas, pero sobre todo de fans, quizá impensable en un escritor japonés, alérgico a las entrevistas, y creador de un mundo tan diferente y alejado del típico best-seller (ni sagas, ni pseudo-porno, ni templarios ni apocalipsis varias)? “Tengo pánico a convertirme en una celebridad y tomo todas las medidas necesarias para que eso no ocurra. Nunca aparezco en la televisión, no voy a las fiestas -odio las fiestas-, no doy charlas, no tengo amigos famosos, no tengo amigos escritores, no aparezco en librerías para firmar mis libros, no uso Armani sino shorts y zapatillas siempre, y no dejo que me saquen fotos ni suelo dar entrevistas salvo casos como éste. Como sé que las posibilidades de que tome el subte en Buenos Aires son bastante escasas, no me importa volverme conocido allí. Pero lo que no quiero es que la gente me reconozca en el colectivo en Tokio o no poder ir a las tiendas de discos viejos en Estados Unidos. Lo que más me enorgullece es haber encontrado tantos lectores en todo el mundo. Pero ¿por qué mis libros son tan populares? Buena pregunta”.

Su desdén hacia la tradición literaria japonesa, su estilo de escritura conversacional, y las constantes referencias a la cultura occidental habían sido vistas al principio de su carrera como una afrenta a las convenciones literarias de su país. Escritores como el Premio Nobel Kenzaburo Oe lo describieron como un talento pop de peso liviano. Quizá sea eso mismo lo que gusta a sus numerosos lectores: la mezcla perfecta entre oriente y occidente, la sensación de que te recuerda a muchas cosas y a la vez es totalmente original. De todas formas, la respuesta está en sus libros. Es empezar, y engancharte. Así, sin más. Os invitamos a hacer la prueba.

Aunque ha pasado la mayor parte de su vida en Japón, vivió una temporada en Europa y Estados Unidos, porque se sentía extranjero en su propio país (“no pertenezco a ningún grupo, y en Japón, se supone que debes formar parte de alguno. Por eso me fui de allí durante unos años”). Eso mismo pensaba el escritor franquista José María Gironella, que, en 1962, hizo un viaje al Japón, acompañando al guitarrista Narciso Yepes en una de sus giras, y que, a raíz de esa experiencia escribió el libro El Japón y su duende, que, desde aquí, os recomendamos por, cuanto menos, curioso ya desde el título. Según  el profesor Topinaga, uno de los protagonistas del libro de Gironella , “la impresión que damos, es que en la calle no se puede distinguir un industrial de un obrero, es decir, somos gregarios. No obstante puedo asegurarle que cada japonés vive solitariamente su propia aventura, sin confiarse del todo a nadie”. Como el propio Murakami.

            Si comparamos, salvando las distancias, que a veces son insalvables, algunas de las reflexiones de Gironella, con el discurso de recepción del XXIII Premi Internacional Catalunya, otorgado por la Generalitat a Murakami en 2011 (justo después del terremoto en Japón), vemos que ambos autores coinciden en describir al pueblo japonés como un pueblo acostumbrado a las catástrofes naturales, ante las que ha sabido resignarse de tal manera, que su carácter ha derivado hacia el lado contrario, no odiando la naturaleza, sino disfrutando de ella al máximo en una suerte de comunión más o menos mística. Dice Murakami “En japonés tenemos una palabra, mujô, que designa el hecho de que no hay nada que sea permanente, que no hay ningún estado que dure para siempre. Todas las cosas que existen en este mundo acaban extinguiéndose, todo cambia sin cesar. Podría decirse que esta idea de que «todo pasa» implica una especie de resignación ante el mundo, la aceptación de que, al fin y al cabo, el hombre no logra nada oponiéndose al curso de la naturaleza. Aun así, los japoneses hemos sabido encontrar una forma de belleza en esta resignación. Si nos fijamos en la naturaleza, por ejemplo, en primavera admiramos los cerezos en flor, en verano las luciérnagas y en otoño las hojas amarillas de los bosques. Además, lo observamos todo con pasión, todos a la vez, como una costumbre, casi como si fuese un axioma. Cuando llega la época correspondiente, los lugares más famosos para contemplar los cerezos en flor, las luciérnagas o las hojas del otoño se llenan de gente y casi es imposible reservar una habitación de hotel. ¿Por qué? Pues porque la belleza de los cerezos en flor, de las luciérnagas y de las hojas otoñales desaparece al poco tiempo (…).” Y complementa Gironella: “A las tres semanas de estar en el Japón comprobé que en el país se celebraban tantas ceremonias y tantas fiestas conmemorativas –matsuri– como estrellas hay en el cielo, y que la razón principal de semejante abundancia estibaba en el inmenso amor y en la inmensa devoción que el pueblo japonés sentía por la naturaleza”.

En el cuento de Murakami seleccionado, El séptimo hombre, perteneciente a Sauce ciego, mujer dormida, podéis comprobar esta resignación del hombre japonés ante las catástrofes naturales, así como la unión y devoción que siente por la naturaleza.

Otros enlaces sobre Murakami:

Página de Murakami en Tusquets.

Especial El País sobre Murakami.

Mil grullas por Japón, programa de radio de Mundo Babel.

Obras de Murakami en la Biblioteca Universitaria de Córdoba.

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3 comentarios to “Otras Culturas V: un japonés por el mundo. Haruki Murakami”

  1. Isa 24 enero, 2013 a 20:24 #

    Un relato precioso con una lección de vida. Me gusta mucho como Murakami describe las dos caras de la naturaleza, como en segundos un lugar apacible se transforma en un monstruo personificado: una mano gigante, un ojo enorme, un enorme carnívoro con afilados colmillos. “Eran unas olas que bañaban dulcemente la orilla. Pero el terrible infortunio que se ocultaba en ellas, parecido al tacto de la piel de un reptil…”. “Algo distinto con forma de ola que procedía de otro mundo muy lejano”.

    Cuando la naturaleza enfurece nos zarandea como a muñecos de trapo y borra de un plumazo la huella del hombre en la tierra. Los japoneses lo saben muy bien, de ahí esa veneración por la naturaleza. Cuando la catástrofe nuclear de Fukushima me llamo mucho la atención que lo tanto el primer ministro japonés como el presidente de la central se disculparan ante el pueblo japonés.
    El hombre occidental, con su soberbia, cree poder dominarla y se olvida que es un ser “minúsculo”, a pesar de los avances tecnológicos.

    Y luego está el tema del miedo. Nos puede atenazar durante toda la vida hasta el punto de condicionarla, el séptimo hombre al que tanto le gustaba nadar evitaba todo lo relacionado con el agua. Y claro la única manera de liberarse es siendo capaz de encararlo.
    Esta lección de vida creo que nos la podemos aplicar todos (¿quién no tiene algún temor o miedo irracional?): “Actuando de esta manera acabamos cediéndole a algo lo más valioso que hay en nuestro interior”.

    • Esperanza 30 enero, 2013 a 8:16 #

      pues sí, enfrentarse a los miedos convierte lo desconocido en más llevadero, pero no todos somos capaces de hacerlo

  2. Paco 6 febrero, 2013 a 21:27 #

    Murakami engancha muchísimo, sobre todo al principio. Pero como leas muchos seguidos de él, te saturas. Hay que descansar un tiempo, y luego seguir

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