Otras Culturas III: moteros, aztecas y motecas. ‘La noche boca arriba’, de Julio Cortázar

15 Nov

“Siempre fuiste mi espejo.

Quiero decir que para verme tenía que mirarte”.

Con estas palabras cierra Julio Cortázar uno de sus poemas, y aunque se trate de un poema de amor, pueden muy bien servirnos para empezar a hablar de una de las personas en las que lo intercultural, cuando todavía no se hablaba de ello y quizá sin él pretenderlo, ha estado más presente, tanto en sus escritos como en su actitud vital, que, en el caso que nos ocupa, vienen a ser lo mismo.

En una entrevista con Alfredo Barnechea en 1971, Cortázar confiesa:

“Buenos Aires me asfixió y fue París precisamente lo que permitió que yo redescubriera una visión distinta de mi país y de Latinoamérica. París –Europa mejor— me abrió un horizonte total, planetario, que yo no tenía desde Buenos Aires. No estoy dando una receta, hablo sólo por mí, pero sé que sin París no hubiera escrito lo que he escrito. Si me hubiera quedado allá, en el pago, mi madurez de escritor se hubiera manifestado de otra manera, seguramente más satisfactoria para los historiadores de la literatura, menos provocadora, agresiva para quienes leen mis libros por razones vitales. Y claro, yo estoy con ellos. No sólo no me quedé, sino que no he vuelto, y sigo creyendo que París es el sitio perfecto para alguien como yo, para mis gustos, para lo que escriba todavía”.

Julio se siente muy latinoamericano, pero a la vez piensa que es mejor poner tierra de por medio cuando el entorno es claustrofóbico, que es preferible marcharse de los sitios para poder volver a ellos con la serenidad que da la distancia, y apreciar lo que de otra forma, si no, puede pasarnos desapercibido o aburrirnos por omnipresencia. Mucha gente le reprochó, en Argentina, que abandonara su país para vivir en Europa, la misma gente que pensaba que la ciudad en la que vivía (Buenos Aires) era la más parisina de Sudamérica. Ironías de la vida.

Cortázar hace a lo largo de su vida un viaje de ida y vuelta que ya se vislumbra en una de sus primeras novelas, El examen, publicada después de su muerte, y en la que dos de sus jóvenes protagonistas salen por pies de una ciudad llena de una niebla espesa y pegajosa que no deja ver alrededor y donde grandes damas vestidas de blanco abducen con sus doctrinas a un pueblo enfervorizado (novela en clave que habla de la Argentina peronista).

Julio Cortázar fue durante mucho tiempo traductor de español en la UNESCO, por lo que el contacto con otras lenguas y otras culturas, así como el uso diario de la suya propia, lo tuvo garantizado. El París en el que vivió era un París multicultural, y sus amigos, así como los protagonistas de sus libros (el famoso “Club de la Serpiente” de Rayuela, o los miembros de “La Joda” en El libro de Manuel), eran de nacionalidades muy diversas (europeas, sudamericanas, asiáticas).

Mario Vargas Llosa (cuya peripecia vital es similar a la de Cortázar en lo que tiene de ida y vuelta al continente americano), nos dice hablando de la publicación de Rayuela que “removió hasta los cimientos las convicciones o prejuicios que escritores y lectores teníamos sobre los medios y los fines del arte de narrar y extendió las fronteras del género hasta límites impensables”, y podríamos añadir, rompió estas fronteras y mezcló géneros como nunca se había hecho hasta entonces, libre de prejuicios y volcando en sus libros todo lo que iba asimilando en sus viajes, lecturas y conversaciones: el jazz con el tango, las conferencias científicas con el boxeo, la pintura clásica con el cómic… Así tenemos lo que él llamaba sus libros “almanaque”, en los que aparecen poesías, relatos, recortes de prensa, aforismos, reflexiones personales… Último round y La vuelta al día en ochenta mundos son claro ejemplo de ellos.

La noche boca arriba es el título del cuento que vamos a leer esta vez. Pertenece a su libro Final del juego, de 1956, y en él mezcla el sueño y la realidad con sorpresa final incluida. El protagonista es un motociclista de su París coetáneo que sueña que es un azteca perseguido en la Guerra Florida que a su vez sueña que va en moto por las calles de París. Se trata de un viaje en el tiempo, pero no uno más, sino que Cortázar da otra vuelta de tuerca para hacernos sentir que el otro, por muy lejano que esté, por muy diferente que sea a nosotros, puede ser ese espejo en el que mirarnos la cara.

Algunos enlaces sobre Julio Cortázar:

http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/cortazar/index.htm

Documental de Tristan Bauer sobre el autor.

Entrevista de Joaquín Soler a Julio Cortázar en el mítico programa de TVE “A fondo”, año 1977.

Obras de y sobre Julio Cortázar en el Catálogo Mezquita de la Biblioteca Universitaria de Córdoba.

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2 comentarios to “Otras Culturas III: moteros, aztecas y motecas. ‘La noche boca arriba’, de Julio Cortázar”

  1. Isa 19 noviembre, 2012 a 11:09 #

    Muy interesante la entrevista con Cortázar repasando su vida y su obra.

    En cuanto al cuento, me gusta mucho este tipo de narración, como las de Borges (Las ruinas circulares, y otros), de un sueño dentro de otro sueño que casi podría llegar hasta el infinito. En realidad ¿quién sueña a quién? Al final a mi me parece que el soñador “primigenio” era el moteca y que se acaban uniendo en la muerte. Cortázar establece un paralelismo entre lo primitivo y lo moderno y en el fondo da igual que el personaje sea un moteca o un motero del siglo XX. Los sentimientos, las sensaciones, las reacciones son las mismas. Todos somos hijos de una misma “madre naturaleza”. La mima luna, la noche, la oscuridad, la sangre, la muerte. Creo que en esencia, a pesar de toda la tecnología que nos invade y rodea, el ser humano ha cambiado poco, sigue siendo un ser primitivo.

    Hablando de multiculturas, tanto el mundo cada vez más globalizado que intenta uniformizarnos como el mundo de los nacionalismos que intentan no contaminarse, aislarse, me parecen equivocados. La riqueza está en la interculturalidad. Como dice la canción de Juan Guerra quiero que me contaminen.

    • Esperanza 19 noviembre, 2012 a 13:43 #

      pues sí, la verdad es que la entrevista es estupenda, y, aunque parezcamos el abuelo Cebolleta, cómo se echan de menos este tipo de programas en la televisión pública.
      Por otra parte, la interculturalidad con Cortázar está servida. Quizá en este cuento esté más patente al tratar de dos culturas tan diferentes, pero toda su obra es una mezcla total de todo tipo de culturas, épocas, ambientes, personajes… Sólo puedo decir que me encanta

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